¿Es el asfalto malo para correr?

416

Es el asfalto malo para correr

Para empezar, relativizar el concepto “bueno” o “malo” nos puede aportar de manera global un beneficio en torno a la apreciación de una práctica física saludable y bien orientada.

Un ejemplo siempre ayuda a la comprensión: ¿Cuántas veces hemos visto a un padre obligar a su hijo a practicar natación sin observar si está preparado siquiera para tener contacto con una nueva situación llena de agua, niños, profesores, gritos… sin considerar que se debe tratar con mucha cautela, paciencia e inteligencia? ¿Y si ese niño tiene miedo porque no confía hasta que se dé cuenta de que controla esa situación? Muchos profesionales pueden asegurar que hasta que no coja confianza no va a estar preparado para meter un pié en el agua.

Todos estamos de acuerdo que aprender a nadar es beneficioso en múltiples sentidos, pero hay muchísima diferencia entre “obligar” y “facilitar” un aprendizaje, la clave que sirve la excelencia está en que el niño decida y no se vea obligado, algo que le puede provocar rechazo o pánico al agua para mucho tiempo. Y para que decida, hay que facilitarle estímulos que se conviertan en pequeños retos que pueda superar y confiar cada vez más en sí mismo. Otra vez aparece en juego la dosis perfecta.

Trasladando el ejemplo al tema que nos ocupa, podemos advertir que lo más importante es valorar si nuestro organismo está preparado para recibir ciertas cargas de entrenamiento, como puede ser la carrera. Da igual que sea en asfalto, tartán o en arena de playa.

Pero… ¿por qué se habla tanto de que si el asfalto es bueno o malo? Para verlo, hay que analizar qué nos ofrece el asfalto desde el punto de vista de las fuerzas. El asfalto es una superficie dura, eso quiere decir que su capacidad de absorción de impactos es baja, menor que el césped o el tartán. Significa, según la 3ª Ley de Newton de “acción-reacción”, que el asfalto nos devuelve una fuerza reactiva igual que las fuerzas que le llegan. Es decir, que si el asfalto nos ofrece de vuelta una fuerza mayor que otras superficies, se puede concluir que esta superficie, nos “obligará” a estar preparados para recibir tales cargas, corriendo riesgo de lesión. Y si no lo estamos, deberíamos “facilitar” la adaptación con otro tipo de superficie, con un calzado más blando, con otra dosis menos intensa, para que se convierta en dosis perfecta. De ahí que en los planes de rehabilitación las primeras tareas sean caminar en superficies blandas como césped, para luego pasar a otras más duras.

Muchas veces nos perdemos oportunidades de mejora al hacer verdades absolutas de las clasificaciones del ejercicio que aprendemos pero sin analizarlas realmente, como que la natación es buena, o que el asfalto es malo.

Fuente: Blog Running Decathlon